miércoles, 27 de abril de 2016

Outlander 2x03. A fungirlish review [Spoilers]


Haggards de nuestras entretelas de satén francés: seguimos al pie del cañón a pesar del cacho de disgusto que nos llevamos la semana pasada cuando nos enteramos de que Joputa había sobrevivido. Es que no nos lo podíamos creer. 


Pero no hay que perder la calma. Nos hemos arreglado el cardado (que había quedado hecho un asco de tanto tirarnos de los pelos) y aquí estamos de nuevo con la lentejuela afilada y el escote bien pronunciado. Que no se diga que no nos adaptamos a lo que venga, tanto en argumento de la serie como en modas parisinas. ¡Empezamos!
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Se abre el telón y aparece la cama de Jamie y Claire. ¿Habrá, por fin, polvete de verdad, sin joputismos traumáticos de por medio?


Pues no. No sólo no lo hay sino que Claire está sola. Y durmiendo. ¿Dónde quedaron los maravillosos Scottish breakfast? ¡El disgusto nos está llenando de arrugas, en serio! Se oyen caballos y Claire se despierta y baja corriendo a ver qué es. Se trata de Jamie, que viene de pasar otra noche de jolgorio con el petardo de Charles Stuart en la whiskería Maison Elise. Con el ritmo de vida que lleva Jamie, su lema no va a ser Je suis prest sino Je suis reventé avec le trasnocher. El caso es que el Príncipe ya está mosqueado con que no le concierte una cita con el ministro de finanzas y dice que la quiere para ayer. Aquí Jamie nos deleita de nuevo con su sexy poliglotismo.

Y el xixi nos canta por soleares

Jamie va de un acelerado que ni un pastillero en la ruta del bacalao. Un no parar, vamos. Y sólo se mantiene a base de whisky, lo que le da un aliento maravilloso por la mañana temprano, algo que al embarazo de Claire le viene de perlas.

Aquí no vemos el porridge por ningún lado
Si me quieres besar, tendrás que usar protección

Antes de irse otra vez a sus líos, Jamie se da cuenta de que ha perdido su boa el regalito que su hermano mayor le hizo: la serpiente Sawney. Por favor, querido, no nos des esos sustos, que ya creíamos lo peor.

¿Te has dejado la boa en el puticlub?

Mientras Jamie lleva una apasionada vida llena de partidas de ajedrez, bebercio y visitas a la casa de mala nota más famosa de París, a Claire sólo le queda el tedioso oficio de ir a tomar té con Madame Xixí Sans Pelàmen y la cabeza buque de Mary Hawkins. Mientras juegan a las cartas, la zagala estalla con una frase que deja a Claire y a la otra locas.

¿Será porque huelen mal?

Resulta que la pobre Mary es temerosa de la intimidad y no tiene ni pajolera idea de que el sexo sólo es sucio si no te lavas. Qué pena que no estén aquí nuestros ewoks favoritos para darle unas lecciones, como hicieron con Jamie en su noche de bodas. Louise, la del xixi pelado, se parte la caja con la inocencia de Mary, la cual dice que en Sussex, de dónde ella viene, los hombres no ponen su boa en la cueva de las damas. Al oír el nombre de la ciudad, a Claire se le enciende una lucecita y recuerda de qué le sonaba Mary Hawkins.  Menuda excusa para meternos a Mñé en el capítulo. Os vamos a ahorrar su imagen, queridas haggards.



¡Mary se casó/casará con Joputa! Aquí viene un lío mental de Claire, que piensa que si Randall muriera a manos de Jamie antes de casarse con Mary, entonces no habría descendientes y Frank no existiría en el futuro. Fíjate tú qué pena, oiga.


Por eso no puede decirle a Jamie que Joputa sigue vivo, porque querría cargárselo. Y CON TODA LA RAZÓN DEL MUNDO, coñio. Claire llega a su casa con todo eso en la cabeza y está de una mala follá que paga con su criada por no haberle remendado un pañuelo. Tanto que le fastidiaba que fueran detrás de ella haciéndole las tareas y mira lo pronto que se ha acostumbrado a lo bueno. La moza no le ha hecho el arreglo porque anda refocilándose con... ¡Murtagh! 

Suzette arreglándole los bajos a Murtagh
¡Olé tus Scottish eggs!

Con el rollo cortado, Murtagh se presenta ante Claire, que sigue con cara de perro y se pone en plan señora de la casa insoportable. Él le dice que a ver qué pasa por darle al trocotró, que si ahora va a ser una mojigata. ¡Ha hurgado en la herida sin saberlo! Lo que le ocurre a Claire es que ella lleva sin catar desde que llegaron a Francia, y eso, haggards, es muy duro cuando tienes a Jamie como marido. Claire no se lo confiesa, pero sí le dice que Joputa está vivo y que eso la tiene en un sinvivir. Acuerdan no comentárselo a Jamie para que no se le vaya la pinza, se lo cargue y lo cuelguen. Con una vez que lo intentaron tuvimos bastante.


Y lo guapo que estaba con roña y con esos pelos

Por su parte, Jamie sigue con sus quedadas con el ministro. El tío confiesa que las arcas de Francia no están para muchas fiestas, pero no le interesa hablar de política, sólo jugar al ajedrez. Jamie se lo lleva a su terreno, hablando del juego y mezclando el tema con lo que a él le interesa.Y suelta algún guiño a las haggards.


Haggards en acción

Finalmente consigue llevar a Duverney al tema que le ha llevado hasta allí, el de evitar la financiación  para Charles y su empeño en guerrear, y lo convence para que se encuentre con el príncipe en un lugar que empieza a ser el centro de toda intriga política que se precie.


Captura necesaria para apreciar la boquita de pignon de Jamie

Claire, aburrida como está, se presenta en la tienda del Maître Frog, pero en la puerta lo ve hablando con el que decía que era su enemigo: ¡¡¡EL CONDE MELOFUÀ!!! ¡Por fin aparece, aunque sea para medio minuto! Y no nos decepciona: frunce ceño, sonríe maliciosamente, Y NOS DEJA SIN ENAGUAS LIMPIAS. Eso es lo importante.

Nos rebotan las tetas del gusto

A Claire no le hace mucha gracia esa situación, pero el maestre no es tonto y le contesta que a veces hay que aliarse con los enemigos. Aquí hay gato encerrado... Raymond le pregunta que para qué ha ido a verle: Claire necesita algo para evitar que Murtagh deje París plagada de pequeños escoceses. Pero además le confiesa que está hasta el toto de no hacer nada útil, sólo tomar té, jugar a las cartas, depilarse y pasear su palmito inglés por la capital. Frog le da una idea: que ponga sus dotes de curandera al servicio de la caridad cristiana en un hospital para pobres. Ideal de la muerte, valga el dicho.


Las ganas de Claire de estar en todos los ajos dan palmas con las orejas


Cuando Claire se presenta allí y ve el ambientazo (bastante deprimente) que hay ya en la misma puerta, se siente tan feliz como nosotras al entrar en una tienda de Dior llena de los últimos modelitos recién sacados del horno. Aquí cada una disfruta como puede, qué le vamos a hacer. A Murtagh, por su parte, no le convence el asunto y sabe que Jamie se va a cabrear cuando se entere.


Roña, enfermedades, putrefacción... ¡Qué bonito todo!

Una vez dentro, la cosa no mejora, pero ella disfrutando del espectáculo cutre-medicinal como un marrano revolcándose en el barro. Allí no ha verdaderos médicos y, para colmo, un perro se pasea por el establecimiento a sus anchas. Todo muy aséptico, sí. Por fin conocerá a la jefa de todo esto, la madre Hildegarde, que parece el rubio de Cruz y Raya con hábitos.


Es como el parecido de Joputa con Frank. ¡Vaya con la superiora!

La monja la mira con cara de suspicious mind. La verdad es que Claire tiene pinta de la típica ricachona que se dedica a hacer obras de caridad pero sin mancharse. Nada más lejos de la realidad: vestida de diseño como va, se pone manos a la obra y lo mismo vacía un orinal que hace la cata de su contenido para comprobar que la enferma de turno tiene diabetes. Sus habilidades son muy apreciadas por Hildegarde.


Buen bouquet, con toques de frutos rojos y presencia de taninos

¿Y dónde está Jamie entre tanto? ¿No lo adivináis? ¡Premio! ¡Está en Maison Elise con Duverney y Charles Stuart! Éste termina diciendo que sabe que las guerras son más caras que un hijo tonto (y para hijo tonto ya está él), así que confiesa que ya tiene patrocinadores para su capricho bélico. La cara de Jamie es un poema y por eso hay que dejar aquí la captura.


Mi pelo está tan aco*onado como yo

El Bonnie Prince está tan contento con la situación y así se lo expresa a Jamie al tiempo que le soba la cara de una manera que a él no le hace ni p*** gracia. Y a nosotras tampoco.



Al final le propone al ministro francés una alianza entre Gran Bretaña y Francia si ésta apoya su causa y vence. La expresión de Jamie merece de nuevo otra captura.


Pelo de Galletas Príncipe pero mirada preñadora

El pobre sale de allí a las tantas y se va a casa esperando encontrar a Claire en plan reposo del guerrero. Nada más lejos de la realidad. 


The hair!
The magic hair!

Jamie espera y requetespera intentando entretenerse haciendo cuentas y Claire aparece tras un montón de horas, con una sonrisa como si viniera de las rebajas parisinas llena de chollos.


Toda esa alegría que desprende Claire por haber estado haciendo lo que más le gusta se va al garete cuando Jamie pone esta cara:

The hair is sad again :(

Y es que le preocupa que ella esté en contacto con enfermos y pruebe orina porque está embarazada. Eso sí, que se pegue los tragos de whisky que se pega no le pone tan nervioso. Fuck logic. Pero eso no es lo que tiene a Jamie cabreado, sino que ella esté por ahí con sus forúnculos y sus escrófulas y no en lo que tiene que estar: apoyándolo a él en detener la rebelión. ¡Ay, que la pareja está en crisis! Como no follen hablen claro de lo que les pasa, nos tememos que la relación se va al carajo.



La brecha se acentúa por mucho que Claire intenta convencer a Jamie de que ella está ahí para ayudarle en su causa, no sólo para sacar pus de heridas infectadas. Él sigue erre que erre y se larga de allí. ¿Adónde? De nuevo a Maison Elise. Joer, con lo grande que es París y qué poca variedad de garitos para salir, oye. Hala, otra noche sin darle al tema sexuarl. A Claire le van a salir telarañas en le potorreau.


Y le estarán saliendo pelos también. ¡Jamie, te vas a perder disfrutarlo pelao!

Aunque las empleadas del lugar se ponen muy cariñosas (¡a ver cuándo iban ellas a encontrar semejante cliente tan buenorro!), Jamie pasa mucho de ellas, de sus encantos y de sus posibles venéreas, así que se dedica a observar el pampaneo. 


No me sobes, moza, que no tengo la boa pa farolillos

De ese modo descubre que por allí se mueve como pez en el agua un jovencito que no sólo sirve mesas, sino que se cobra las propinas a base de meter sus dedos en bolsillos ajenos. 


La boa no, pero la mente sí la tengo con ganas de conga

Jamie decide perseguirlo y le propone un trato: que robe correspondencia de y para Charles Stuart, a ver si puede comprobar qué hay de verdad en la supuesta financiación para la rebelión. Mientras tanto, lo agarra y lo sacude para que suelte todo lo robado, y se encuentra con que el ladronzuelo tiene entre otras cosas a Sawney, el juguete de su infancia. A ver si esto fuera una premonición de que Jamie también recupera su otra boa, que estamos pasando mucha hambre.


Preparemos nuestros orificios

Volvemos a chez Fraser, en la que Claire está en la cama dando más vueltas que un perro antes de acostarse porque no puede dormir. Un estruendo de algo rompiéndose la saca definitivamente del catre y sale a ver qué pasa. Se encuentra con pillastre en el salón, como Pedro por su casa, y encima le alaba lo bien puestas que tiene las tetas. ¿Pero qué confianzas son esas?


A ti y a todos los tíos del mundo, Obama

Jamie aparece por allí y le aclara que el chavalín, al que ha rebautizado con el nombre de Fergus, es un ladronzuelo que ha conocido en la whiskería y que ahora va a trabajar para él robando correspondencia. Ojo cuidao que este chico será muy importante en el futuro, al menos en las tropecientas novelas que van después de Atrapada en el tiempo.

Así que voy a convertir a Fergus en un hacker rústico

Y así vemos cómo, durante varios días, Jamie sigue dándole coba a Charles Stuart, Claire se dedica a sus enfermos y Fergus roba cartas. Jamie las copia, al tiempo que junto a Murtagh descifra su contenido, que suele estar escrito en algún tipo de código. Pero llega una que no saben qué quiere decir, puesto que está en forma de partitura musical. A Murtagh se le ocurre quién puede ayudarles: la madre Hildegarde, que es una experta en el tema y habla alemán, que es el idioma en el que está escrita la letra que acompaña a la música. Estamos metidos en una trama que ni Dan Brown y su Código Da Vinci.



Perdona, Robert, pero Jamie "gets laid" sólo con mirarnos

Claire está en ese momento disfrutando del savoir-faire de la superiora y su encantador perro, Bouton, que resulta que está allí porque detecta cosas que el ojo humano no ve.


Bouton, no huelas el sobaco que palmas

Vamos a obviar la imagen de ese precioso momento en el que aprietan una herida y sale de ahí de todo. Creo que vais a agradecer que la sustituyamos por la aparición en el hospital de Jamie. CON KILT. Poco se le ve, pero a las haggards no se nos escapa semejante detalle.


Ya te desnudamos nosotras
La boa de Jamie ahora mismo

La madre Hildegarde se pone a tocar la partitura y a ella le suena haberla oído antes, pero esa nueva versión es muy chunga, como si a Paquirrín se le ocurre hacer un homenaje a, digamos, Plácido Domingo y destroza el original. Entonces cae en que le recuerda a una composición de su amigüito Johann Sebastian Mastropiero Bach, que le manda sus tontunas musicales de vez en cuando. Hildegarde cree que al Sebas no lo va a conocer ni el Tato en un futuro, ante lo cual Claire sonríe. Vaya ojo el de la señora.


Para ojos, los míos

Al final les dice que la diferencia está en el cambio de clave. Nosotras somos unas lerdas en esto de la música, pero deducimos que eso es algo raruno y que en la clave está la clave, valga la redundancia. Con dicha información, vuelven tan felices a casa y se ponen a descifrar con una pericia que ríete tú de Champollion con la piedra Rosetta.


Ni él mismo se cree lo que ha descubierto

La carta viene a decir que el Bonnie Prince tiene apoyos, sí, pero no los suficientes para la guerra, tal y como había hecho creer a Duverney. El misterioso autor firma sólo con una "S". 



¡Aaaaaaarg, qué asco de tío, siempre metido en todos los fregaos! De hecho está jugando a dos bandas, apoyando a los jacobitas y a los ingleses al mismo tiempo. Jamie decide hablar con él para quitarle de la cabeza lo de ponerse del lado de Charles Stuart.



Sí, que se va a encontrar con el hermano de Joputa y se va a liar pardísima. Pero Jamie no tiene ni idea del tema y lo que él cree es que han resuelto lo de la rebelión, así que todo es felicidad y ganas de celebrar. Mientras va a por el whisky (que no falte el bebercio), Murtagh le comenta a Claire que es el momento de revelarle la verdad sobre Randall. 



Lo cierto es que da mucha pena Jamie, tan contento como está. ¡¡¡Y más cuando dice esto, que suena prometedoramente sexuaaaaaarrlll!!!


Damos palmas con el xixi
Y la traca final:


*babeo* *babeo* *deshidratación por babeo*

Claire toma aire y abre la boca para decir lo que tiene que decir, pero Jamie frunce el ceño porque no le gusta nada la cara que ella ha puesto.



En fin, Claire pierde la oportunidad, pero la reacción de Jamie bien merece la pena la mentirijilla, aunque a Murtagh no le parezca nada bien.



¡Y así nos dejan hasta la semana que viene!

CONCLUSIONES FINALES
-Capítulo donde empiezan a adelantarse cosas que liarán el tema en un futuro. El Bonnie Prince engañando al personal, Jamie queriendo hablar con Sandringham... Esto se pone cada vez más interesante.
-Duncan Lacroix sigue merendándose la pantalla. Ya que no tenemos al Fucking Master, Murtagh se está convirtiendo en un imprescindible en cada capítulo, no sólo por su actuación, sino por la cordura y sentido común que aporta su personaje, además de darle al trocotró, que lo merece.
-Venga, un minuto de moñismo para comentar lo idealmente ideal que es Fergus. Esa reverencia ante Claire con la alabanza al tetamen nos ha conquistado a todas. ¡Y es justo como lo imaginábamos al leer el libro!
-El gran misterio del pelo de Jamie continúa. Suponemos que se altera en Francia tanto como él, pues no para quieto el pobre, entre estar mustio y reluciente, corto y largo, todo en cuestión de segundos. Nótese que, la mayoría de las veces, los cambios pasan cuando hay/ha habido burdel de por medio. Deducimos, por tanto, que el pelo es la representación del palotismo reprimido de Jamie. ¡Chúpate ésa, Freud!

¡Nos vemos en breve, queridas!