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jueves, 22 de diciembre de 2016

Diccionario haggardiano: cura curato/curita palote

Queridas, se acerca la Navidad, período entrañable para pasarlo en familia, pelearte en las cenas por la última cucharada de caviar, sacar las miserias y, ya de paso, los diamantacos que hagan que a tu prima, la del condado de Youarenobodyshire, se le pongan los pelos como si hubiera metido los dedos en un enchufe de la envidia. Y todo este rollo viene a cuento por lo siguiente: que aquí, en Haggardland, somos muy devotas y pías, y más si durante la Misa del Gallo con Espolones se nos pone delante un señor de buen ver y mejor tocar ataviado con un irresistible vestuario que nos dice TERRITORIO PROHIBIDO. Nos referimos, haggards nuestras, a lo que venimos a llamar un "cura curato", según Cassie, servidora, o un "curita palote", según Kim, que siempre está pensando en lo mismo, es decir, en los santos sacametos, digooooo, sacramentos.


Qué mala eres, Cassie. ¡Si soy una santa!

Según la Real Academia de la Lenguaca (de Jamie Fraser), un "cura curato/curita palote" sería... 


Antes de nada, hay que aclarar que un cura curato no tiene por qué evolucionar hacia un curita palote siempre; es más, en la mayoría de los casos no lo hacen. Pero remontémonos a los orígenes de nuestra devoción para que la explicación de cómo se puede pasar de uno a otro sea más clara. Seguro que muchas de vosotras también caísteis en las redes de cierta historia cuando erais tiernas haggards-to-be, una que marcó un antes y un después en la vida de todas las que vimos semejante dramón. Me refiero, como habréis supuesto, a El pájaro espino. Aún recuerdo el escandalazo que supuso su emisión, con sermones prohibiendo su visionado, so pena de excomunión como poco. Pero, bendito sea el Señor, en nuestras casas no nos mandaban a la cama ni cuando salían los dos rombos y empezaba El Show de Benny Hill, así que pudimos disfrutar del culebrón de moda del que todo el mundo hablaba y que nadie, supuestamente, veía. 


Era un poco moñas, pero es lo que se llevaba

El protagonista comenzaba siendo un cura curato, es decir, levantando pasiones entre las féminas por ser guapo e inalcanzable. Y así se lo hacía saber a una dulce niñita que conoce en su juventud. 

Can't marry pero can trocotró chimpún

Pero con lo que no contaba el joven sacerdote es que su boa tenía vida propia y así se lo hace saber en el momento en el que se reencuentra con la niñita ya hecha mujer.

Se me han puesto duras las cuentas del Rosario

Como es normal, el cura curato Ralph termina por caer en la tentación vestida como una fémina pecadora y se convierte en el curita palote por excelencia

Despegando la hostia del paladar con la lengua

Ahí estaba en todo el meollo el blandurrio de Richard Chamberlain, galán que ya gustó a nuestras madres como Dr. Kildare y que ahora las tenía como locas delante de la tele, al tiempo que nos adoctrinaban, como buenas haggards que eran sin saberlo, en el mundo maromial asotanado. Así, además de mostrarnos el camino con el padre Ralph de Bricassart, las sabias progenitoras nos descubrieron a clásicos como Montgomery Clift, maromo en blanco y negro, con alzacuellos y bajaenaguas. 


Perdóneme, padre, porque voy a pecarrrrrañdkjfalñsdghañsldjkfslkd

Una vez que las haggards adquirimos sapiencia y experiencia, no nos faltó la rapidez para captar un buen maromo tras una sotana o, mucho mejor, un buen hábito frailuno. Ya podían ser gallos con maravillosos espolones como Sean Connery en El nombre de la rosa que pollos tonsurados como Christian Slater en la misma película. 


Pongámonos las gafas y el outfit para buscar maromos bajo sotanas
¡Vámonos, que éstas nos arrancan el hábito con los dientes!

La lista podría ser eterna, como la otra vida que nos espera más allá, en un Paraíso lleno de maromos por ser tan buenas y compartir nuestros secretos con todas las haggards del mundo. Pero hemos pensado que lo mejor es ir descubriendo nuestro Gran Archivo Secreto poco a poco, que no queremos que sufráis una crisis religiosa si soltamos todo aquí de golpe.



Por ello os vamos a dejar con una de las últimas adquisiciones que ha llegado a nuestros bajos ojos: James Norton como Sidney Chambers, el pastor anglicano de Grantchester.


Es cierto que un pastor protestante tiene menos morbo que un cura porque el primero sí se puede casar y no se ve como un objetivo inalcanzable. Pero reconozcamos que tener vía libre para agarrarlo del alzacuellos y poner en práctica el mandato de "creced y multiplicaos" encierra cierto añdkjfalñsjgañsdjfsañkadfjas.


En ese hueco del cuello hincábamos el colmillo

Si encima nos ponen a un rubiales medio pelirrojo con pelos de recién follao y que odia el jerez porque prefiere un buen whisky, agarramos una barca y nos vamos a la Pérfida Albión a comprobar qué es eso del anglicanismo. 


Me bebo hasta el agua de los floreros que hay en el altar

De vez en cuando, Sidney Chambers nos deleita con una sonrisa bajabragas o con unos ojos llorosos de mirada un poco extraviada y de cordero degollado que nos dejan con las defensas (y los ovarios) por los suelos y la fe por todo lo alto.



Esos momentos de bajón que le dan de vez en cuando y que nos hacen querer achucharlo tienen su explicación: el pobre sufre mucho por un amor imposible y tiene una buena reata enamoradas detrás de él que quieren llevarlo al catre altar. 



Pero no es para menos, porque menudo ejemplar. Como las iglesias están cada vez más vacías, cualquier excusa es buena con tal de ganarse feligresas. Quedarse en camiseta interior o, mejor, despechotado del todo, es una manera tan buena de evangelizar como cualquier otra



Sidney Chambers es, antes que pastor, hombre, aunque intente una y otra vez anteponer su vocación a su boa-ción. Este vicario es, sin duda, uno de los mejores ejemplos de curita palote que podemos encontrar. 



Si queréis saber cómo le da a la lenguaca los sermones en privado, no dudéis en echar un polvazo vistazo a Grantchester. No es gran cosa como serie, pero con semejante pastor la conversión está asegurada, queridas hermanas en maromos.


En la vicaría os espero, haggards

En fin, queridas, aprovechad estos días de paz y amor para hacerle una visita a nuestro flamante curita palote, que él os recibirá con los brazos abiertos, como todo buen cristiano debe hacer.


Venga, venid a verme, que me aburro...
¡Raudas y veloces! 


DAME AMOR Y COMPÁRTEME, QUERIDA
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miércoles, 8 de julio de 2015

Diccionario haggardiano: Comío de mierda

¿Cómo va esa Droughlander, queridas haggards? Hace ya un mes que nos quedamos sin Jamie Fraser y todos sus complementos (pechote, porno rodilla, sonrisa bajabragas, mirada que te preña...), pero hay que seguir adelante. Y aquí estamos nosotras para ayudaros a sobrellevar la espera, si no por aquí, al menos más frecuentemente por nuestro blog de reseñas de novelas románticas o bien subiendo obras de arte a nuestro particular museo dedicado al Arte y a David Gandy, lugares ambos a los que estáis invitadas.

Cualquier excusa es buena para poner a David aquí o allá

Pero sabemos que os pierde el mundo haggard y por eso no abandonamos este rincón del fungirleo y el desenfado. Y qué mejor manera de retomar las riendas tras el infartante fin de temporada de Outlander que hablando de algo que a todas nos dejó sin aliento en la serie. No, no nos referimos a lo que fue ver a Jamie sometido a Joputa, mal rayo le parta, sino el sentirnos culpables por notar los bajos ardiendo al contemplar a nuestro adorafollable pelirrojo lleno de mugre y sangre en la prisión de Wentworth. Porque, haggards del mundo, no se nos escapó detalle de todos y cada uno de los comentarios que vimos por las redes sobre ello: que si hay que ver qué guapo está así; que si, oh Señor, perdóname, pero melofó con roña y todo... En definitiva: ver a Jamie comío de mierda fue un gustazo.


¡Estáis como cabras, haggards!

Y es que, queridas, todas sabemos que lo sucio tiene algo atrayente. No en vano dirty tiene acepciones tales como "sucio" y "obsceno" en inglés. Junto a los ya glosados pelos de recién follao y a las barbas, el ir comío de mierda tiene a veces un toque guarro-perraquil importante. Hoy vamos a traer aquí unos cuantos ejemplos de ello. Id preparando las lenguacas para relamer bien esos cuerpos serranos. ¡Empezamos!




Las haggards somos fans del cine clásico y por ello no podemos evitar iniciar este repaso -escaso, lo sabemos, pero es imposible meter a todo maromo viviente lleno de porquería, sudor y polvo (que le echaríamos, ejem) en este post- con algunos de nuestros actores favoritos ever

GARY COOPER
Ay, queridas, si no habéis visto Juan Nadie no sabéis lo que es estar en la piel de Barbara Stanwyck. La sufrida periodista hace un casting para buscar a su John Doe, un inexistente ciudadano que firma un artículo escrito por ella misma. Como es más lista que el hambre, ve el potencial para atraer a las masas que este tímido señor de ojos maravillosos esconde tras su atuendo de mendigo. Es verlo hecho un guarro y caérsele las bragas. Os juro que se oye cómo aterrizan en el suelo en el momento en el que aparece ante ella. Y ante nosotras.


Barbara, una gran haggard, menudos maridos tuvo en la ficción y en la vida real

Pero un Gary ya maduro nos tenía reservada otra sorpresa en El manantial. A la protagonista, Patricia Neal, le revientan los ovarios cuando visita una cantera propiedad de su familia y vislumbra a un sudoroso trabajador que, para más desvergüenza, la observa con un descaro impropio de un subordinado, desnudándola con la mirada. Y ella como una loca buscando una manguera con la que apagar los fuegos xixiles que siente. Menudas ensoñaciones tiene luego mientras se cepilla el pelo ante su tocador, a falta de poder cepillarse a Gary.

Gary, taládranos, anda

GREGORY PECK
El siempre correcto, pulcro y hasta sosaina de Gregory nos dio todo un sorpresón cuando se nos presentó como un canalla en Duelo al sol. No le bastaba con sonreír y pegar unos besarracos de los de levantarte las enaguas, sino que encima SPOILER se nos cubre de sudor y otros fluidos hacia el final de la película.FIN DE SPOILER


Ay, Gregory, queremos ser tu Perla Chávez

CHARLTON HESTON
Sí, sabemos que este actor tiene muchos detractores, pero nosotras nos quedamos con sus interpretaciones épicas, dos de ellas llenas de sangre, sudor y lágrimas: como Moisés en Los Diez Mandamientos y encarnando a Ben-Hur en la película del mismo nombre. Al principio de ambas aparece pulcro, limpio y bien vestido, puesto que en las dos interpreta a sendos príncipes, uno de Egipto y otro judío. Pero al caer en desgracia viene el desaliño y las haggards encantadas, porque a la suciedad se unen los pelos despeinados y las barbas guarras. Normal que, en el caso de Moisés, a Séfora se le queme la túnica cual zarza ardiendo cuando lo ve tendido durmiendo plácidamente junto al pozo de su padre. En el caso de Ben-Hur, no es por nada, pero las miraditas de Quinto Arrio cuando está probando su fuerza en las galeras... Pero todo lo arreglaron como un amor paterno-filial, ejem. Lo que sí que era descarado era lo de Mesala...


Con cadenas ya pa qué, PA QUÉ
Toma gimnasio romano
[Advertencia: hemos visto imágenes de la versión de 2010 de Ben-Hur y ni rastro de barba ni de sudor. Sangrado de ojos garantizado, avisadas estáis]

PAUL NEWMAN Y STEVE McQUEEN
Uno de los imprescindibles del cine de catástrofes setentero es El coloso en llamas. Habiendo fuego de por medio (y no el de nuestros bajos, que también), la roña en forma de hollín y sudores está garantizada. El reparto es el típico de estas producciones, lleno de grandes glorias del pasado, estrellas emergentes y otras consagradas. Entre estas últimas encontramos al tándem formado por Paul Newman y Steve McQueen, arquitecto y jefe de bomberos respectivamente, unidos en la titánica tarea de salvar vidas en este desastre constructivo digno de Santiago Calatrava (aunque aquí la culpa es del tacaño del cuñado de Paul, que usa vigas barateras para ahorrar perras, ojo). Conforme va ardiendo el edificio, la camisa de Paul va llenándose de lamparones y su cara de mugre. A Steve también le queda el color humo estupendamente en contraste con sus ojos azules, sus interesantes patas de gallo y su pelo rubio. Atentas a la foto que vamos a poner: Faye Dunaway sabía lo que era un sandwichito bien tostado, la muy bitch.


No me envuelva el bocata, me lo como aquí mismo

Entrando ya en maromos recientes, he aquí nuestra pequeña selección:

LOS CHICOS DE LOST: JOSH HOLLOWAY Y MATTHEW FOX
Si bien Kim no ha disfrutado de los placeres maromiales de Lost, es imprescindible traer aquí a dos de sus protagonistas. De entrada, Josh Holloway puede parecer el típico rubiales calorro que no te dice nada, pero verlo como James "Sawyer" Ford es otro cantar. Estando en una isla que no se sabe ni dónde pijo para, es normal y natural ir comío de mierda con el paso del tiempo. Ahí es donde Josh se hace un señor digno de entrar en esta galería por cuerpazo, guarro, canalla, morreador de pro y malote con corazón de oro.


Esos cuatro pelos meaos nos dan igual si él está lleno de roña
Matthew Fox, sin embargo, encarnaba a un personaje más heroico que el de Josh, pero ojo con él... Tenía más traumas que Christian Grey. A veces daban ganas de pegarle un guantazo, pero la verdad es que todas sufrimos mucho con él y casi nos morimos cuando salió con barbas y cara de pena.

Qué moñas eras a veces, Jack, pero te queremos

NIKOLAJ COSTER-WALDAU
Si Juego de Tronos se hubiera rodado hace diez o quince años, Josh Holloway hubiera sido el perfecto Jaime Lannister. Pero estamos todas tranquilas porque para eso nació el danés Nikolaj. Su aire de Príncipe Encantador de Shrek de la primera temporada desaparece totalmente cuando cae prisionero y la suciedad empieza a hacer de su cuerpo su hogar. Aplaudiendo sin parar estábamos, por supuesto. Del relamido rubiales del principio pasamos a un sufrido personaje humillado y consciente de que ya no es el todopoderoso capa blanca de antes. Somos fans de Jaime roñoso y mugriento a pesar de sus pecadillos del pasado.

Qué peligro tenéis, haggards

CLIVE STANDEN
Si hay actualmente una serie donde abunden los tíos con suciedad, sangre y pelos ésa es, sin duda, Vikings. Como en Lost, aquí tenemos a un moreno y a un rubio, pero del rubio vamos a pasar porque las haggards somos anti Ragnar aunque lleve roña encima para parar un carro. Lo sentimos, pero somos más del hermano como bien sabéis. Ese Clive Standen como Rollo es el paradigma de lo que es estar lleno de barro y darnos ganas de zampárnoslo. Ese look nos lleva además a algo que va intrínsecamente unido al "comío de mierda": el asco rico. Porque, queridas, seamos realistas. Sabemos que si nos teletransportáramos al pasado moriríamos de las pestes que tendríamos que soportar, pero si van acompañadas de un filete de primera como Clive Standen, el asco se deja a un lado, se hace de tripas corazón y si hay que comer, se come. Un buen aderezo tapa cualquier efluvio indeseable. Que tampoco íbamos nosotras a oler a rosas allí, vamos. Pero ya se sabe que a los nórdicos les gusta mucho el pescao (vale, ya paramos).

Vengo así del trabajo, ¿alguna voluntaria para lavarme?
ANTONY STARR
Terminamos con Lucas "Ojitos" Hood, el protagonista de Banshee, una serie que empieza siempre con un polvo o una paliza. Lo que es seguro es que en cada capítulo vamos a ver follisqueo y palos a lo bruto, lo que garantiza una buena ración de sangre y desaliño. Lucas Hood se lleva sí o sí buena parte de ambos, porque se tira a tó lo que se menea y también recibe hostias como panes por todos lados. Por esta razón, casi nunca lo vamos a ver con la cara limpia de costras y/o cicatrices, aunque una de la mejores imágenes de la temporada fue verlo con barbas y pelos despeinados en sus tiempos de presidiario.


Hola, nena, no te estoy guiñando un ojo, es que no puedo ni abrirlo
¡Y tiene pechote!
En definitiva y tras todo lo dicho, la Sublime Academia Haggardiana de la Lenguaca (de Jamie Fraser) definiría "comío de mierda" tal que así:


Y hasta aquí nuestra selección, queridas haggards. ¿Cuáles son vuestros maromos comíos de mierda favoritos? 


DAME AMOR Y COMPÁRTEME, QUERIDA
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